• Diana Laura Vázquez Mendoza encabeza esta iniciativa que incluye la preservación del ajolote mexicano y de su hábitat: el lago de Xochimilco
El proyecto Etiqueta Chinampera del Laboratorio de Restauración Ecológica del Instituto de Biología de la UNAM mereció el Premio al Mérito Ambiental 2026 en la categoría de Innovación e Investigación Ambiental, por sus contribuciones en favor de Xochimilco y la conservación del ajolote mexicano.

Sus aportes científicos y/o tecnológicos coadyuvan a la protección del medio ambiente y al desarrollo sustentable en la Ciudad de México (CDMX), razón por la cual la Secretaría del Medio Ambiente del Gobierno capitalino le otorgó esa distinción a Diana Laura Vázquez Mendoza, integrante del Laboratorio y responsable de esa estrategia.
Se trata de un proyecto que distingue la calidad de las hortalizas y productos de las chinampas con un sello verde y ecológico, el cual certifica las buenas prácticas agrícolas y de la excelencia del agua con la que se riegan, y al mismo tiempo incide en la existencia de ese ejemplar endémico del lugar, explicó.
Implica, además, la reactivación productiva sin el uso de agroquímicos y con prácticas agroecológicas, al igual que la rehabilitación de canales que las rodean, incluso dentro de ellas se establecen biofiltros para mejorar las características del vital líquido.
La bióloga y maestra en Ciencias de la Sostenibilidad de la Universidad Nacional afirmó que las y los chinamperos son parte fundamental de la agrobiodiversidad y del patrimonio de Xochimilco en general, por lo cual el distintivo de calidad realza su importancia y la necesidad de obtener un mejor pago por lo que cultiva.
Vázquez Mendoza apuntó que un objetivo estratégico es restablecer las interacciones tróficas que hay en el humedal para garantizar que se cuenta con un hábitat adecuado para la sobrevivencia del ajolote.
Desafortunadamente no hay condiciones para que puedan estar ahí; el ajolote depende de Xochimilco y este sitio de ese anfibio. Sin chinampas productivas y personas que generan los servicios ecosistémicos es imposible mantenerlos en vida silvestre durante los siguientes años, advirtió.
En 1998, recordó, se realizó el primer censo de ajolotes en Xochimilco en el cual se registró una estimación de seis mil individuos por kilómetro cuadrado (Km2); no obstante, el más reciente fue en 2014 y se identificó que solo había 36 por Km2. “La disminución es evidente y exponencial”.
Gracias a los donativos de una de nuestras campañas, “Adopta un Ajolote”, pudimos financiar un nuevo censo del cual los resultados aún se están procesando, pero sabemos que la situación sigue siendo alarmante, acotó la universitaria.
En este contexto, aclaró que el color de vida silvestre que los caracteriza es el verde pardo, ligeramente oscuro. Estos ejemplares requieren una conservación integral que está relacionada con la subsistencia del hábitat.
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