• Coadyuvan a combatir la contaminación porque se alimentan de dióxido de carbono, aseguró Daniela Morales Sánchez
• Este año el mercado a nivel global podría alcanzar 452.4 millones de dólares y duplicarse para 2034, agregó
En el Instituto de Biotecnología (IBt) de la UNAM estudian microalgas con las cuales se pueden generar pigmentos para las industrias farmacéutica, alimenticia o textil, por ejemplo, y que sean amigables con el medio ambiente.

Así lo explicó la investigadora del Departamento de Ingeniería Celular y Biocatálisis, Daniela Morales Sánchez, quien indicó que actualmente hay un auge por estas sustancias, ya que cada vez se pretende usar menos colorantes artificiales o sintéticos. Los pigmentos son sustancias que absorben la luz a diferentes longitudes de onda y emiten cierto color.
Buscamos que sea sustentable. Las microalgas pueden también ayudar a disminuir la contaminación porque se alimentan de dióxido de carbono, que es su fuente de carbono y luz; su cultivo a gran escala favorecería el medio ambiente, detalló.
Morales Sánchez ha trabajado con microalgas a partir 2010. Primero, para biocombustibles y posteriormente para productos de alto valor como los pigmentos y ácidos grasos poliinsaturados, para lo cual labora con microalgas polares.
Un rubro de los estudios que junto con su equipo realiza en el IBt es de ciencia básica, a fin de entender los mecanismos que permiten a las microalgas crear los pigmentos. Por ejemplo, la fotoprotección para lo que emplean pigmentos accesorios que las protegen de altas intensidades de luz.
Otro se enfoca en proteínas heterólogas, cuando se introducen mediante genes de otros microorganismos. Un ejemplo es la melanina que tenemos en la piel. Las microalgas no la generan de manera natural, pero hay ciertas bacterias que sí, como Rhizobium etli.
Tomamos sus genes, los insertamos a una microalga y el resultado que se obtuvo fue melanina. Todavía estamos en investigaciones tempranas, pero esta genera fotoprotección a la microalga, incluso a radiación UV. En un futuro cercano podríamos hacer fotoprotectores, estimó la doctora en Biotecnología.
En este contexto, abundó en entrevista que las algas polares cuentan con mecanismos de adaptación a ambientes extremos pues en los meses de invierno pasan las 24 horas en oscuridad, y en los de verano están expuestas 24 horas a la luz.
En el laboratorio usan las características de las primeras para aplicarlas a las endémicas de México, con el propósito de incrementar la fotoprotección, su resistencia a la alta salinidad, entre otros factores. Viven en congelación y tienen enzimas que las resguardan, así como ácidos grasos o poliinsaturados -como Omega 3- que hacen que sus membranas celulares sean más flexibles.
Opción sustentable
En el artículo “Microalgas para colorear el planeta”, que la experta universitaria publicó junto con las investigadoras Mariana Manzoni Maroneze y Andrea Teresa Téllez Galicia, se señala que para este año el mercado de los pigmentos de microalgas podría alcanzar 452.4 millones de dólares y para 2034 se estima que este valor se duplique.
En nuestro país apenas inicia la utilización de pigmentos de microalgas, varias compañías producen uno azul a partir de cianobacterias y microalgas del género Galdieria. En el IBt se elabora con ficocianina; sirve para alimentos como helados, pastas y dulces, por ejemplo.
Las microalgas, acotó la científica, dan paso a ácidos grasos poliinsaturados como Omega 3, Omega 6 y Omega 9, los cuales tienen alto valor en la industria farmacéutica.
Fotos: Cortesía Daniela Morales Sánchez
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