• Participó en la presentación del informe State Transformation for Plan México: A Mission-Oriented Approach to Delivering Shared Prosperity
• Mariana Mazzucato expuso que se debe impulsar el Plan México y construir la arquitectura estatal que exigen sus objetivos transversales
• Édgar Amador Zamora resaltó que el estudio ofrece elementos para pensar cómo fortalecer las capacidades que el Estado mexicano tiene
• Estuvieron también Lorena Rodríguez León, Lucero Ibarra Rojas y Luis Godoy
El rector de la UNAM, Leonardo Lomelí Vanegas, afirmó que el Plan México ha fijado ya una dirección de política económica —13 metas, 18 acciones, un portafolio de inversión anunciado cercano a los 277 mil millones de dólares—, pero enfrenta la pregunta que toda estrategia de desarrollo debe resolver tarde o temprano: con qué arquitectura de Estado se va a lograr, se va a ejecutar.
Ese, señaló, es el argumento central del informe State Transformation for Plan México: A Mission-Oriented Approach to Delivering Shared Prosperity, de Mariana Mazzucato y Lara Merling, publicado por el Institute for Innovation and Public Purpose de University College London (UCL), y que la economista Mazzucato presentó ayer en la UNAM, en compañía también del secretario de Hacienda y Crédito Público del Gobierno de México, Édgar Amador Zamora; la directora de la Facultad de Economía de la UNAM, Lorena Rodríguez León; la titular del Centro de Investigación y Docencia Económicas, Lucero Ibarra Rojas, quien acudió en representación de la secretaria de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, Rosaura Ruiz Gutiérrez; y del coordinador del Programa de Prosperidad Económica y Climática de la Open Society Foundations, Luis Godoy.

El informe de Mazzucato y Merling, añadió el rector, es un documento muy oportuno y “tiene el mérito de convertir una aspiración —la prosperidad compartida del Plan México— en una pregunta de ingeniería institucional concreta, con instrumentos identificables y un caso de prueba tangible en la cuenca del Tula”.
Señaló dos reservas no dirigidas al diagnóstico, sino a dos vacíos en el informe: la falta de una secuencia temporal explícita entre la ampliación de la base fiscal y la recuperación de la inversión pública, y la ausencia de una restricción externa explícita dentro del marco de misiones propuesto. “Con esas dos salvedades, me parece un documento que vale la pena tomar en serio como punto de partida para el debate sobre la arquitectura de entrega que México todavía tiene pendiente”.
En el auditorio Alfonso Caso de la UNAM, Mazzucato, profesora de la UCL, detalló algunas recomendaciones de su estudio el cual plantea convertir desafíos estructurales como la informalidad, la concentración de mercado, en oportunidades de transformación productiva; impulsar el Plan México construyendo la arquitectura estatal que exigen sus objetivos transversales, pues las metas de este son interdependientes y ninguna secretaría por sí sola controla todas las palancas relevantes; y que la relación entre el Estado y las empresas se gobierne en función del valor público.
Además, propone que los bancos de desarrollo de México -NAFIN, Banobras, Bancomext, entre otros- que tienen activos significativos, pero operan con mandos fragmentados, estén coordinados bajo la rectoría de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público; que las compras públicas -que son una herramienta de demanda subutilizada- sirvan para moldear los mercados, entre otras.
Fortalecer las capacidades
Previamente, Édgar Amador presentó a Mazzucato y destacó que su investigación remarca la importancia de que el Estado no se limite a corregir fallas del mercado, sino que tenga la capacidad de coordinar recursos públicos y privados alrededor de objetivos concretos. Su informe, agregó, ofrece también elementos para pensar cómo fortalecer las capacidades que tiene el Estado mexicano, contrastar ideas y ver la manera en que sus recomendaciones pueden adaptarse a nuestras circunstancias para hacer más efectiva la intervención gubernamental.
Asimismo, expresó que nuestro país atraviesa una etapa de transformación productiva en un entorno internacional cambiante, en el que las cadenas de suministro se están reorganizando, las nuevas tecnologías abren oportunidades de inversión y las naciones dan mayor relevancia al desarrollo de capacidades productivas. El Plan México busca aprovechar este momento para generar más oportunidades para mayor número de empresas, personas, regiones del país y que los beneficios del crecimiento se traduzcan en prosperidad compartida.
Esto, implica atraer mayor inversión y lograr que contribuya al crecimiento de largo plazo. Para ello, el Plan México plantea metas: que el 50 por ciento de la proveeduría y consumo nacional de sectores estratégicos sea hecho en México o aumentar en 15 por ciento el contenido nacional en cadenas globales de valor en sectores como el automotriz, aeroespacial, electrónico, de semiconductores, farmacéutico y químico, y alcanzar una inversión del 28 por ciento del producto interno bruto (PIB) para 2030.
En su oportunidad, Lorena Rodríguez coincidió en que la obra de Mazzucato invita a reconsiderar el papel del Estado, las instituciones públicas y la innovación en la construcción de un desarrollo orientado por grandes misiones colectivas. También consideró que el diálogo establecido en torno al informe refleja la necesidad de acercar la toma de decisiones públicas al conocimiento académico y de vincular la reflexión universitaria con los desafíos concretos de la nación.
Añadió que en la Facultad de Economía se realiza un estudio similar encargado por la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, titulado “Estrategia de política industrial para el fortalecimiento y desarrollo de las capacidades productivas nacionales”, elaborado en conjunto con sus colegas Clemente Ruiz Durán, Roberto Valencia Arriaga, Samuel Ortiz Velásquez y Santiago Capraro Rodríguez.
En tanto, la directora del CIDE, Lucero Ibarra resaltó la importancia del informe de Mazzucato, en un momento en que México busca recuperar la capacidad del Estado para orientar el desarrollo y colocar el conocimiento, la ciencia y la tecnología al servicio de prioridades nacionales.
Apuntó que la ciencia y la tecnología no son instrumentos auxiliares de la política industrial y que una política orientada por misiones, como lo plantea Mariana Mazzucato, requiere conocimiento. Las comunidades científicas, las universidades, los centros públicos de investigación poseen conocimientos y capacidades indispensables, no solo para resolver problemas, sino también para identificarlos, formularlos y construir alternativas, lo que supone una concepción amplia de la relación entre ciencia y desarrollo, remarcó.
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